Descripción
Jorge Leónidas Escudero (1920–2016) nació en la provincia argentina de San Juan. Desde muy joven buscó oro en los Andes, experiencia mayúscula que marcaría para siempre su vida y su obra. Se interesó también por los juegos de azar, empeñado en descifrar señales del futuro que le permitieran ganar al naipe o a la ruleta.
Casi a los cincuenta años, tras abandonar la cordillera y emplearse en una oficina, publicó su primer libro. A ese debut le siguieron más de veinte títulos, reunidos —salvo los últimos— en Poesía completa (Ediciones en Danza).
Fue un poeta originalísimo, ajeno por geografía y temperamento a las influencias dominantes de su tiempo. Con el habla viva de su provincia forjó una poesía de raíz simbolista, a la vez que narrativa y terrenal, toda ella atravesada por un inconfundible humor socarrón.
Pasó casi desapercibido hasta que en los años noventa revistas porteñas como Diario de poesía comenzaron a publicarlo. Desde entonces su reconocimiento no ha hecho sino crecer y hoy se lo considera un autor fundamental de la poesía argentina contemporánea.
La antología reúne casi cien poemas del maestro. Una muestra:
NUESTRA MIRADA DE VACUNO
Comenzó a desgranarse la mazorca
y nosotros a abandonar el barco, digo el bar;
y nos estamos mirando con ojos ausentes
como esas vacas cuando ven pasar el tren.
Ya sé ya sé ya sé, nadie puede hacer nada,
el asunto es de cada uno.
Ahora debo irme yo también y automáticamente
me agarro a la silla, es lógico,
no quisiera hacerme humo todavía.
Ayer nomás cuando se fue Morales
nosotros estábamos comiendo pasto,
levantamos los ojos para verlo hundirse en la lejanía
y volvimos a esconder la cabeza en la llanura.
PEREGRINACIÓN HACIA EL SILENCIO
Hasta donde tu suerte alcanzó
llegaste un día a esta quebrada,
armaste rancho,
fuiste a mujer buscar al bajo, estuvo,
ya no está. Los hijos volaron.
Esos años y hoy sólo es tu compaña
ése a ladrarme ahí cuzco flaco.
Te veo
como a una piedra más del pedregal.
Y eso es bueno
porque cuando el hombre está bien apegao al suelo,
bien concertao,
puede estirarlas, digo, a las patas, en paz.
Así es compadre,
y hoy vine como de vez en cuando
a aprender de usté soledá.


